martes, 2 de noviembre de 2010

¿Dónde estás mujer?

¿Dónde estás mujer?

La habitación arde

Y se borran las huellas de tu nombre.

¿Dónde está, mujer, tu rastro felino

Y tus pasos ágiles?

¿Que acaso debemos extinguirnos

Hasta el fin de nosotros o

Sentarnos a observar la hecatombe?

Hoy, mujer,

te espero más que nunca,

Y las heridas se desmayan en la cama

Esperando o saciándose

de una ducha febril.

¿Dónde estás, mujer,

Escondida

O el reloj se ha puesto en mi contra?

Se me queman los sesos,

y la sangre se me seca

Con la boca

Tengo sed,

Ganas de tu pelo,

De tu cuello

Y tus dedos curiosos,

De tus caderas locas

Y tu boca cuerda,

De tus iris nocturnos,

La táctica tibia,

Y la columna asustada

Con la selva despierta.


Ya no te busco mujer,

Las heridas duermen en la cama

Y las duchas me avinagran

El corpus.

Sólo en el último incógnito

segundo de la noche

en el sudor de la carne

Toco en silencio

Tu sueño.

jueves, 1 de abril de 2010

Experimento inconcluso

Yo no le hubiese escrito nada, a no ser de su fragil debilidad ante las imagenes cotidianas de un pueblo descartuchado por perdices de color almendra, nada de eso a no ser de su escalofriante muestra de reptiles invertebrados que reventaban sus ojos hasta salpicarnos los recuerdos de niñez, aquellas sendas por donde transitaban tus manos entre cada pétalo,
por donde las huellas muertas de un símbolo amalezado por toda la senda de la realidad.
El solo hecho de verme entre el vertigo y las asquerosas huellas digitales de aquellas cucarachas desfinlando más allá de cada imagen individual trás unos ojos infinitos en numeralidad. Las huellas rastreras de nuestros confusores bastardos que nos atan a producir este tipo de absurdas descripciones. No hay verdad cuando se ama. No hay verdad. Pués aquel sentimiento se eleva por las raudas pendientes en que me atrevo a descifrar este petroglifo sin si quiera tomar en cuenta el cambio efectuado por la realidad cambiante del maestro frágil de la tecnología, ahora de última de moda. Anticipar el ritmo del futuro. Diluir las durezas del pasado. Desfragmentarse al movimiento del presente. Todo eso, y más se asomaba por el movimiento de mis ojos.Pero a la vez nada,el arbol fructifero donde caen a copular mis palas con las huertas de esa extraña simbología. Nada más que las mismas imagenes cotidianas,